Terapia Individual
La terapia individual es un espacio para comprender lo que te está pasando, poner palabras a aquello que quizá resulta difícil expresar y encontrar nuevas formas de relacionarte contigo mismo/a y con tu entorno.
Desde una perspectiva sistémica y gestáltica, entendemos a la persona siempre en relación con su contexto. No somos independientes de los vínculos que mantenemos, de nuestra historia, de nuestra familia, de nuestras relaciones, del momento vital que atravesamos ni del entorno social y cultural en el que vivimos.
Por eso, la terapia no consiste únicamente en mirar “hacia dentro”, sino también en explorar cómo nos relacionamos con aquello que nos rodea y qué patrones se repiten en nuestras relaciones y en nuestra manera de afrontar las situaciones.
¿Cómo es el proceso terapéutico?
Cada proceso es diferente porque cada persona llega a terapia con una historia, unas necesidades y un momento vital particular. No existe un recorrido predeterminado ni una fórmula que sirva para todo el mundo.
En las primeras sesiones dedicamos tiempo a conocernos, comprender qué te trae a terapia y explorar qué está ocurriendo en tu vida en este momento. También iremos identificando aquellos aspectos de tu historia y de tus relaciones que puedan ayudarnos a comprender mejor la situación actual.
Desde la Gestalt, prestamos especial atención a lo que sucede en el presente: a las emociones, pensamientos, sensaciones corporales y formas de relacionarte que aparecen tanto dentro como fuera de la sesión. El objetivo no es simplemente analizar lo que ocurre, sino favorecer una mayor conciencia de lo que necesitas, de cómo respondes ante determinadas situaciones y de las posibilidades que tienes para actuar de otra manera.
Desde la perspectiva sistémica, observamos a la persona dentro de sus relaciones y contextos. Exploramos los vínculos significativos, los roles que asumimos, las expectativas que recibimos y los patrones de interacción que pueden estar influyendo en nuestro malestar.
A lo largo del proceso, terapeuta y paciente vamos construyendo conjuntamente un espacio de confianza en el que poder explorar, cuestionar y experimentar nuevas formas de estar en relación.
Una terapia individual, también cuando eres expatriado/a
Vivir en otro país no significa que necesites un tipo diferente de psicoterapia.
El proceso terapéutico individual mantiene la misma base: eres tú, tu historia, tus relaciones, tus necesidades y aquello que estás viviendo lo que ocupa el centro de la terapia.
Sin embargo, cuando una persona ha cambiado de país o vive lejos de su contexto cultural de origen, la dimensión intercultural puede adquirir un papel importante. No porque todas las dificultades de una persona expatriada sean necesariamente consecuencia de su experiencia migratoria, sino porque vivir entre diferentes culturas puede influir en la manera en que nos relacionamos, tomamos decisiones, construimos nuestra identidad o entendemos aquello que nos ocurre.
Cuando lo intercultural entra en terapia
Mudarse a otro país puede implicar mucho más que un cambio de lugar.
Puede significar adaptarse a nuevas formas de comunicarse, relacionarse o trabajar; reconstruir una red social; estar lejos de la familia y de los vínculos de siempre; encontrarse con valores o costumbres diferentes; o preguntarse qué partes de nuestra identidad queremos conservar y cuáles están cambiando.
A veces, además, aparecen experiencias difíciles de explicar porque se encuentran precisamente en ese espacio entre culturas: sentir que ya no encajas completamente en el lugar de origen, pero tampoco terminas de sentirte parte del lugar en el que vives; echar de menos aspectos de una vida anterior mientras disfrutas de la nueva; o experimentar conflictos entre las expectativas de tu entorno de origen y las decisiones que estás tomando actualmente.
Desde una mirada sistémica y gestáltica, estas experiencias pueden explorarse sin reducirlas a una etiqueta de “problema de expatriación”.
La pregunta no es solamente “¿cómo te estás adaptando a otro país?”, sino también:
¿Qué está ocurriendo en tu vida y en tus relaciones en este momento, y qué lugar ocupa tu experiencia intercultural dentro de todo ello?
La cultura puede aparecer en terapia como un elemento más del contexto de la persona. Puede ser central en un momento determinado y pasar a un segundo plano en otro. Lo importante es poder explorarla cuando resulte significativa para ti.
Un espacio para comprender y experimentar
La terapia puede ayudarte a desarrollar una mayor conciencia de lo que necesitas y de cómo te relacionas con aquello que te sucede.
No se trata de darte respuestas prefabricadas, sino de acompañarte en un proceso de exploración en el que puedas comprender mejor tus experiencias, reconocer tus propios recursos y ampliar tus posibilidades de elección.
Si además estás viviendo lejos de tu país de origen, la terapia puede ofrecer un espacio en el que todas esas dimensiones —personal, relacional, familiar, social e intercultural— puedan tener cabida, sin que ninguna de ellas defina por completo quién eres.
La terapia sigue siendo, ante todo, un encuentro entre dos personas. El contexto cultural forma parte de ese encuentro cuando es relevante para lo que estás viviendo.